En las paredes estamos.
Por Hugo Alejandro Vega
Aunque la vista es un medio de aproximación a la pintura, el entendimiento de un quehacer plástico no se resume en la percepción de un solo canal sensible. La obra de Libertad Alcántara revela las insuficiencias de un criterio que se agota en la dicotomía entre lo figurativo y lo abstracto y, en cambio, coloca el eje de comprensión en la materia. La imagen no resuelve un proceso, lo afirma. Así, Alcántara asume el lenguaje de la pintura como la oportunidad de extender su plasticidad hacia el espacio.
Su obra exige caminar, cerrar la distancia desde el horizonte en que se muestra la composición, hasta la mayor cercanía posible donde campea una textura siempre cambiante, constituida por la variación cromática de capas que se desprenden y emergen. El proceso de configuración de la imagen ha cambiado de ritmo, pero se mantiene latente en el detrito.
En la obra de Alcántara la pintura se identifica más con la persistencia que con la permanencia; apela a la memoria como una forma de presencia que alterna entre la materia y la huella. El parentesco estético entre sus cuadros y las paredes no se explica en el color. En las superficies descarapeladas de las construcciones se reconoce la misma capacidad de reminiscencia, de lo que queda ahí, impreciso pero cierto. No es el desgaste, es el recuerdo.
Con todo, la artista no pretende adoptar la apariencia de la obra negra, es la potencia evocativa del lugar la que se vuelve accesible a través de sus piezas, las cuales aprovechan el uso de las texturas y de las imprimaturas de yeso, del óleo y del cemento para construir directamente las ruinas.
La plasticidad de la imagen incide en el espacio mediante sus soportes, extensas telas que se tienden holgadas sin forma fija, desde la pared hasta el suelo, en formatos cuya disposición le da continuidad al color o lo repliega. Aquí los bastidores son estructuras que no determinan una forma concreta, se les ve insistir en una tarea que les rebasa, cuencos afanados en contener un líquido que se derrama. O tal vez la eficacia de lo inútil se cifra en que reúne sin determinar una forma.
¿Qué estado de la materia es este en que la rigidez deviene hacia una cualidad dúctil? Una consistencia plástica media entre lo palpable y el recuerdo, entre la estabilidad y lo mudable en la pintura de Libertad Alcántara. Continuidad entre un deseo de preservación y de finitud. La figura y la abstracción plantean entonces un conflicto mendaz, circunstancias dentro del proceso de una libre materia realizando.
Ingenuamente se atribuye a los años el deterioro de las cosas, pero la pintura aquí descrita le ha concedido al tiempo una determinación física. Aquella dinámica que sublima en polvo las superficies inertes, ese movimiento que hay en la erosión, es el mismo que anima estas obras; ese modo de prevalecer de los fantasmas es el que dota de cuerpo a sus telas. En su emplazamiento, la pintura hace habitable el lugar al sugerir un pasado, al conjurar sus ausencias pues, tal como lo expresa Libertad: “en las paredes estamos”.
Hugo Alejandro Vega
Agosto de 2021